Hace 10 años nacía Genetrix, la primera spin-off surgida del Centro Nacional de Biotecnología y puesta en marcha por Cristina Garmendia, investigadora y actual ministra de Ciencia. En seguida, la compañía se vinculó al recién nacido Parque Científico de Madrid. Eran los primeros pasos de las compañías bio y del entorno de donde iban a surgir decenas de ellas en los siguientes años.
“Una empresa de biotecnología necesita para nacer, primero, propiedad intelectual, es decir, una patente, y después, capital para desarrollar el producto. Pero también requiere de un entorno favorable, donde haya un conjunto de infraestructuras que faciliten los procesos”, explica Francisco Errasti, director general del CIMA (Centro de Investigación Médica Aplicada) de la Universidad de Navarra. Y los parques se han convertido en el mejor terreno de cultivo para las bio.
“Para muchos investigadores, un parque científico es la primera instalación para su empresa fuera de la universidad, pero cerca. No sería ético comenzar la actividad comercial dentro de un departamento”, explica Rafael Camacho, director general de Genoma España, fundación que favorece la transferencia tecnológica. Para las empresas, ajenas a los centros educativos, instalarse en este entorno “supone acercarse a otros grupos similares al suyo y un valor añadido de marketing, porque si estoy en un parque, tengo mejor imagen que en un polígono industrial”, añade. Incluso a costa de pagar alquileres más caros.
Pero las bioempresas se benefician de infraestructuras comunes, como laboratorios o plataformas tecnológicas, lo que supone un gran ahorro de inversiones. La mayor parte de las 305 firmas que se dedican exclusivamente a la biotecnología, según el informe de la patronal Asebio de 2009, se sitúan en parques científicos y tecnológicos. En 2008, los últimos datos conocidos, el sector biotecnológico en España contó con una cifra de negocios de más de 31.100 millones de euros y dio empleo a 108.374 personas, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en una evolución creciente.
“Hay un espíritu de colaboración”
Manuel Pérez-Alonso (Valencia, 1962) tiene experiencia como bioemprendedor. Hace años puso en marcha Sistemas Genómicos, una de las empresas líderes del sector. Ahora acaba de cofundar Imegen (Instituto de Medicina Genómica) dentro del Parque Científico de la Universidad de Valencia.
“Lo más importante del entorno es estar con otras empresas jóvenes como nosotros. Te encuentras con otros investigadores en los pasillos o tomando un café y hablas de las mismas cosas, porque nos surgen los mismos problemas. No es lo mismo que irse a un polígono industrial”, cree. “Tenemos facilidades con las infraestructuras. Estamos a dos minutos andando del campus de ciencias de la universidad, donde podemos utilizar sus servicios”, explica este profesor de genética. “Y además hay sinergias en todo el entorno biotec”.
De hecho, no hay zancadillas entre las pymes que comienzan. “Hay un espíritu de colaboración con todo el mundo, en el ámbito académico, el investigador y la empresa. El concepto competidor no existe: solo hay empresas similares”. Además, cree que estas concentraciones de compañías favorecen la atracción de talento. Pero de la experiencia como empresario no todo es positivo. Asegura que los investigadores son vulnerables en el mundo empresarial, por eso está en proceso de crear una asociación de científicos emprendedores.
“El salario es crucial para atraer talento. Pero un entorno favorable ayuda”, opina el director de Genoma España
Fuente: Cincodías.com


